15 abr. 2009

Un cielo de nubes y claros.


Si queréis creer que la Tierra es plana, yo pondré empeño en ser un Galileo, que no desista y no se retracte. No está mal del todo que penséis que es plana. Podré seguir disfrutando de la carcajada libre y dislocada, cuando se abra el telón y me enfrente al teatro en el que todos colaboramos con mucho ánimo, pero no precisamente de lucro. No sé si os pagarán.


Querer y no poder. Sentir que puedes y no estar dispuesto a que el busto de tu alma se rinda ante cualquier achaque, o le de por tallar de nuevo su imagen en el hito de cualquier frase sin sentido; como ésta. Un sinfín de sinsentido, que viene siendo ya tradicional. La negación a la “pe entonces qu” y la frustración de un sentido poco común, aunque comúnmente defendido por aquellos que se creen que pueden hacer uso práctico de él.


Hoy las reflexiones parecen ser todas como la aguja de una brújula que tiene por norte un monotema. Un algo latiente y con potestad suficiente como para hallarse en el centro.


La clave está en caminar hacia atrás. En ver y entender la historia como uno mismo pueda llegar a verla y entenderla, posicionándose meramente en sí mismo; e ignorar el palabrerío del vocal que la unidirecciona a su voluntad y antojo, y la doblega. Hallar en la razón el sentido de la aplicación de razonar. Intentar, ¿por qué no?, triangular de alguna forma el cuadrado. Maldecir la preponderancia de lo débil a lo fuerte y maldecir al paño tupido (aunque a veces traslúcido) con el que se cubrió lo bueno. Ese paño al que la masa tiende a aferrarse, por miedo a la precipitosa y precipitada caída al vacío. Estaría bien quitarse el figurín de la cabeza. Tú el tuyo y yo el mío. Quitárselo, salir de la caverna y no impresionarse.


A veces la verborrea sobre la verborrea de los demás, es casi la mofa de un empleado a un jefazo o la de un niño a su molesta niñera. ¡Y pensar que en un tiempo me pudo haber interesado lo que pasaba por el axón de la neurona del de enfrente! Ser, estar y parecer. Otra vez. Me quisiera imaginar, aunque sea de vez en cuando, algo menos predicativo y dejarle algo al complemento directo.


Poder ver en una sílaba un mundo, y en una palabra el reflejo de un universo entero creado más que nunca a nuestro deleite, como si por un momento fuéramos los dueños de la cruz que sostiene los hilos. Aunque a veces aburra la batuta, por pecar de insonora. Aún así, hay que vencer el aburrimiento del precepto, y preferir la moto al coche; y más al tranvía o al autobús. Además, has de saber que puedes manejar, aunque sea con cierta turbulencia y turbia soltura, más tiempos verbales que los repetidos infinitivos.


De vez en cuando también viene bien ser el soldado que marca con su paso izquierda – derecha, cuando el resto de la formación marca derecha – izquierda. Ser el solista que toca sobre Mi bemol, cuando la orquesta te acompaña en Do. O ser una puerta sin umbral, y con un tímido alféizar.


Y bueno, inmerso en un terreno que tiene por herencia un intento desamortizador de la censura y la represión, más vale abrir los ojos y salir con el gesto pleno y de regocijo. Parece que hay días a los que también enseñaron a sonreír. ¿Qué mirará con tanto descaro? La gente y sus prisas. Y yo siendo un fénix . . .


8 abr. 2009

Guía básica de Juego. Suerte.


Empezar a teclear con un esquema por delante, está bien. Con una ventana abierta al mundo, otra a un patio interior y otra a la calle. Con la música de una cantautora escocesa, y la de un rapero francés que canta para Yann Tiersen. Con gente pasando. Ropa, bolsas, folios blancos, folios manchados de manchas que parecen letras, bolígrafos y bolígrafas.

Empieza la partida. Tirar los dados y ver qué sale, ¿qué podrá salir?, ¿qué nos deparará el haber agitado de una forma u otra el vaso? Haber hecho ciertas cosas u otras durante el día para sacar tres, uno u ocho; para que salgan los dados que me cuelguen la medalla. ¿Quizás me tendría que haber levantado una hora después? ¿Haber comido cereales en vez de pan tostado? Planear el presente, para tener dominio sobre el futuro; realmente no tiene sentido. Ese Locus de control (LC) de Rotter y Murly.

Plantearse la suerte como una falacia o como el ente que maneja los cordeles de nuestra marioneta. Puede que no sea más que un “Post hoc ergo propter hoc” o puede que se convierta en el centro catalizador de miradas incómodas, cual uno que yo me sé antaño.


Para, y respira. Traga saliva.


Eso sí, en la tirada de los dados está el azar. Los dados, una vez tirados, ¿están ordenados o desordenados? ¿Es el orden el mejor de los desórdenes? ¿O, por el contrario, es el desorden el peor de los órdenes? Bosquejar el dilema de la tríada perfecta de la masonería de Mozart, o el glissando de un trombón soplado por un niño. Aquí el Demiurgo se coló. Ordenados o desordenados; desordenados u ordenados, los dados se tiran por una lucha, dialéctica o no. Un duelo normalmente. Así jugaban los Joueurs de Cartes de Cézanne. Y no es, a la postre, más que un juego. Más valía tomárselo de forma jovial, como hacían las Jeunes Filles au Piano de Renoir.

De lo contrario, comenzamos a caminar sobre arenas movedizas, que no sabemos muy bien si las controlamos o no. Se llaman sentimientos. Pero hay arenas y arenas. Y, como todo, hay arenas malas, “mu” malas. Ahora, a las citas me remito. De Baruch Spinoza: “El que imagina que aquello a que tiene odio está afectado de tristeza, se alegrará; si, por el contrario, lo imagina afectado de alegría, se entristecerá; y uno y otro afecto será mayor o menor según sea mayor o menor el afecto contrario en aquello a que tiene odio. Estos afectos de odio y otros similares se refieren a la envidia, que por eso no es nada más que el mismo odio, en cuanto se considera que dispone el hombre de tal manera, que se goce en el mal de otro y que, por el contrario, se entristezca del bien de ese otro.”

Total, si todos venimos de donde dijo Gustave Coubet [L'origine du monde] que veníamos. Y todos vamos a donde sabemos que vamos. ¿Lo sabemos? Un fondo blanco, un fondo negro, un no fondo, un Nirvana, un sapo o un bonsái. Tirar los dados y ver qué pasa. Apuesto por las de Renoir.

5 abr. 2009

Va de Amarillo Nápoles Rojizo.


No sé ya ni lo que suena. Esto es un galimatías sonoro, casi. Se mezclan las olas, las gaviotas, con esta mujer; y aquí no nos entendemos. Es tiempo del color de la vid, del de tu chaleco. Otros menesteres que se forman en torno a él por obra y gracia del cuento, también están en su tiempo, en su ‘¡Evohé!’.

Fue llegar y respirar la costa, el mar, el sitio donde se inspiraba, y necesitar de ello. Mirar, aunque fuera un rato, aquel horizonte, que parece que no termina nunca en nada concreto sino en otra mirada que se cruza hacia nosotros. Fue ese instante. Fue eso, y fue todo lo demás. Fueron recuerdos, carcajadas descompensadas, y un soplido al oído, con el que se dio cuenta de que deliraba (de pensar) y despertaba (de soñar).

Olía a óleo, a lienzo y a aceite de trementina (del bueno). Incluso casi podía oír el raspar de la paleta en la madera, el frotar de los pelos del pincel sobre la tela. Y olía a aguarrás. Parecía que menguó por un momento. Ese soplido… Un recuerdo cualquiera, que no fuera de otro tiempo que el de este mundo.

Ahora, ¿qué querrá Julio o Agosto? Sólo sé lo que quiere Septiembre.

2 abr. 2009

Lo que a la vida le da por contar.



Nunca le apedrearon tanto. No sabemos si a ella o a él, verdaderamente no importa. Iba camino de un islote, perdido. Ni tanto.

Ayer fueron cuatro negras en TUSSAM, hoy son tres ecuatorianas en mi calle. Mañana será una puta en Sierpes. Pasado mañana… pasado mañana fue hace dos días ya.

Todo es acelerar, frenar. Qué incómodo es el rojo… Hasta para algunos lánguidos es dificultoso el ámbar fijo. De verdad. Van cuarenta y cinco minutos ya. Voy tarde, total…

Se levanta otra vez más con el labio caído y el gesto fruncido. Otra vez.

Bosqueja la mañana, así que mejor retirar las pesadas sábanas pronto. Piensa que quizás se pudiera llevar lo del sueño a la vida, y lo de la vida al sueño. Pero no cabe.

Encuentra la felicidad en el sueño. En la vida también, pero menos, no te flipes. En el sueño cabe lo de la vida. En la vida no cabe nada de lo del sueño, sólo tú, o yo, depende.

Aquí andamos… pues mira… leía poemas decimonónicos… Espronceda, leía George Sand, Southey, Heinrich Heine, y otros tantos románticos. Parecía culto y no tenía ni idea. Escuchaba música de Gerwish, mismo. Creía que podría analizar, de análisis, descuartizar, fragmentar, y reestrucutar pinturas de Van Gogh, del Greco, incluso de Dalí. Y yo digo: y un mojón!

Y Dios me libre de ser así. Y me libren de que me libre Dios.

Luego que den pena, exijan derechos e incumplan deberes. Me niego. Se cuelan con la mano izquierda y yo no barro cáscaras de pipas de nadie.

Ve cables, camisas, folios en blanco, abre la puerta, sale, la cierra, camina, espera, levanta la mano . . . y empieza a pensar, porque se le perdió el “emepecuatro”.

1 abr. 2009

Como Lágrimas En La Lluvia


Y al son de La Valse d’Amélie, discurro, de aquí para allá, y recorro maravillado y clarificado, por entre los caminos que me son permitidos. A la par, una bella contemplación de las gotas estáticas, inamovibles, inalterables y estancadas. ¿Bella he dicho? Perdonen, necia. A la izquierda, un librito de Baroja y teorías nietzscheanas. A la derecha, un saxofón. ¿Un saxofón? Sí, un saxofón, y alto. Al frente, y a través de esa fascinante fundición de arenas tan transparente como opaca a veces, “algos” que caen como si hubiera miles de personas que los lanzaran desde abajo hacia arriba, y cada vez con más fuerza, casi ensordece mi música. Ya van acompañando a las demás que estaban sujetas y atascadas en el tiempo. Ahora fluyen, como lo hago yo, o eso creo. Y lo siento pero por detrás no veo, que ya me gustaría. Cesa la música, pero empieza de nuevo, qué bello ciclo. La música. ¿Cómo una palabrita de tres sílabas puede crear tanto de bueno? Y no me refiero con ello a la parte externa o formal, no. Pues esa no existe, más que en nuestro “conceptuario antropomórfico”. No existe más que como pretexto para la otra, tan bella. La otra es la humana, la nuestra. ¿Bella he dicho? Sí, bella, y me quedo corto. Sin bordear más conos y esquinas. Y bien, ¿qué he querido decir con esto? Nada, está claro. Y todo queda perdido en el tiempo, like tears in the rain (Blade Runner). ¡Cómo de efímero se presenta este factorcito del que en gran medida dependemos! Para otros también considerado dimensión, una de las tantas que estos aburridos físicos teóricos inventan en su intento de explicar la realidad. En fin, todo se pierde, como si nada hubiera existido y queda para el recuerdo. ¡Vaya absurda abstracción esta del recuerdo! Pues solo existe por pura conveniencia. No son más que lágrimas de fin dudoso e insospechable, y de origen…a saber. Unos procederán de nubes, otros de grifos, supongo que los más perniciosos, y otros de lagrimales dolidos, o simplemente fingidos. ¿Lágrimas? ¿Lluvia? Qué más da.