12 feb. 2010

No solo hay grises, pero también.


“La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí, al alcance del salto que no damos.

La vida, un ballet sobre un tema histórico, una historia sobre un hecho vivido, un hecho vivido sobre un hecho real.

La vida, fotografía del número, posesión en las tinieblas (¿mujer, monstruo?), la vida, proxeneta de la muerte, espléndida baraja, tarot de claves olvidadas que unas manos gotosas rebajan a un triste solitario." Rayuela. Capítulo 104.



Hay días que, por vastas que sean nuestras ganas, no piensan ir bien; y días que, por indiferencia o supremacía del positivismo, piensan pasar a la propia historia de nuestros días.



"Las vidas que terminan como los artículos literarios de periódicos

que en los momentos vacíos, como los de aquel último año

y revistas, tan fastuosos en la primera plana y rematando

tan oscuro en mi retina como puede parecer a cualquiera

en una cola desvaída, allá por la página treinta y dos, entre avisos

que esté bastante alejado de las conciencias vitalistas,

de remate y tubos de dentífrico." Rayuela. Capítulo 85 (no del todo)



No he volcado aquí ningún tipo de negativo ni positivo. Si bien nunca pretendo hacerlo, el lector siempre acostumbra a llevarlo a uno de ambos bandos, normalmente algo muy alejado de lo que percibo (lo que me suscita tremendas claves sobre su estado, pienso). Quiero decir, si vas a una mercería (medio qué) puedes observar la cantidad de matices de hilos que hay, si algo entiendes de música sabrás que ésta no se formula entre el fuerte y el piano, sino que hay una enorme gama de matices, nuevamente. Así, en todo. Pues eso, matices. Matiza.



"Rebelión, conformismo, angustia, alimentos terrestres, todas las dicotomías: el Yin y el Yan, la contemplación o la Tatigkeit, avena arrollada o perdides faisandées, Lascaux o Mathieu, qué hamaca de palabras, qué dialéctica de bolsillo con tormentas en piyama y cataclismos de living room. El solo hecho de interrogarse sobre la posible elección vicia y enturbia lo elegible. Que sí, que no, que en ésta está... Parecería que una elección no puede ser dialéctica, que su planteo la empobrece, es decir la falsea, es decir la transforma en otra cosa. Entre el Yin y el Yan, ¿cuántos eones?. Del sí al no, ¿cuántos quizá? Todo es escritura, es decir fábula. ¿Pero de qué nos sirve la verdad que tranquiliza al propietario honesto? Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas. (...) el sí sin el no, o el no sin el sí, el día sin Manes, sin Ormuz o Arimán, de una vez por todas y en paz y basta." Rayuela. Capítulo 73.



La ruptura de la dicotomía es un gran asunto, a resolver. Hay que ir a la mercería y encargar unos metros de lazo, para hacer que las orillas converjan en un enorme pangea, asumible y en otro plano, elevado sobre nuestras cabezas (las de ahora).