17 jul. 2009

Como tela para tapizar...


Si miras a través de un cristal con tu mirada limpia, ¿qué ves?

Si ensucias el cristal esbozas lo mismo, pero si manchas tu mirada, ¿ves lo mismo?

Yo al árbol lo veo torcido, las rejas están oxidadas, la pared hendida, el aire tiznado, tu cara no es la misma, tu mirada se pierde (y espero que no sea donde otra se la encuentra), la farola nos da la luz tenue y temblorosa, y el banco parece que no quiere que me siente.

Esto fue hace tiempo, o ni siquiera pasó. Ni lo recuerdo. Me da que lo soñé. Los sueños son, a veces, el mejor de los alimentos. Por momentos, son la perfecta conglomeración de nutrientes que nos alientan, nos vivifican frente al “problema”.

Soñar con que despiertas; luego abres apocadamente un ojo; apenas puedes vislumbrar lo que quieres ver, pero algo se te permite. Y ves lo que querías ver, exactamente esa imagen, tan borrosa a tus ojos como nítida a tus sentimientos. Después es como si te pasara por el lado un barco, un avión, o algo así de dimensiones similares: te da un vuelco. Hay algo que os separa, algo físico. Quizás una línea quebrada, o sin quebrar, el raíl de un tren, o el del tranvía, el hueco entre el ropero y la mesa, el hueco entre dos camas de noventa, el espacio entre la A y la Z, la distancia de tu pupila a la suya, lo que va del Lunes al Martes . . .

A veces le da por idear las posibilidades que se le brindan, lo cual es viable y lógico, parece ser. Pese a ello, el paso de la ideación al hecho real es un tanto más complejo; bueno, y ¿quién invitó a la imposibilidad? También nos alimenta de satisfacción, o no sé qué propiedades le pertenecen exactamente, el simple hecho de idear la realización de las propias ideas, su factibilidad. En el sueño se retrae en sí mismo, porque no le queda otra. "Las cosas están así". El escenario se montó el 30 de Febrero de un año incierto; las actrices y los actores no pasaron ningún casting, ni una simple pruebecita; allí con nadar a favor de las corrientes bastaba. Y todo eran exigencias del guión, exigencias que se habían forjado durante muchos años, pero la formación de los guionistas de entonces era pésima. Yo, al menos, la cuestiono. Era todo como un trato conspirativo que fuese capaz de manejar conciencias sin que éstas lo percatasen: marionetas, que se llaman. Fíjate en la tela de tapizar y en su función. Esto es así. Pon aquí dos puntos y aparte, o tres.

[ Se le olvidó comentar que el "emepecuatro" apareció. Hay que renovarlo, y miedo me da usar esta palabra, por lo que muchos se empeñan en decir de su problemática. Están los extremistas, los menos; los que le rehúyen (a la palabra) con cautela, los más; y los que la afirman, no demasiados o suficientes. Por medio se me olvidarán muchos otros grises, claro está. Lo que está claro es que a mí no me cuelan la bola ocho a base de golpecitos desacertados con un palo del que ni ellos mismos se fían. En el juego, la bola acaba entrando, pero la vida es más caprichosa y la dinámica triunfa. ]

No sé si estuvo demasiado bien eso de que se creyera un poco Keanu Reeves siendo Alex Wyler, mientras tú ahí, en el presente, vives tu vida; y yo, aquí, no digo dónde, vivo la mía. En una cosa sí acertó: volver a respirar aires de color amarillo nápoles, volver a obcecarse con el finito horizonte fugado, volver a reñirle al viento enfurecido usando la arena como arma potencialmente molesta, volver a evadirse por segundos viajando a la nada y volver a casa. Experimentar de nuevo lo que aquel 30 de febrero se forjó como su vida. Favores fabricados con algo esfuerzo y verdad a cambio de monedas falsas de un kilo.