21 dic. 2010

Ahí, aquí, en tu negra cueva.


Ni buscar, ni esconder, ni huir, ni hallar, ni intentar, ni saber, ni esperar, ni ser. No buscar, no esconderte, no huir, no hallarte, no intentar, no saber, no esperarte, no ser.


En esta maraña de lazos molestos, conviene esconderse. Te entiendo. Ahí, bajo el negro de tu cueva se debe estar bien; a salvo, como ausente. Parece como si de vez en cuando quisieras salir, y de repente bosquejo tu mano o tu pie, pero vuelves a esconderte rápidamente. Apenas si me da tiempo a distinguir qué era…


Hace dos días que no te veo nada, hace dos días que ni siquiera sé si sigues bajo tu techo, hace dos días que faltas. Dime si puedo intentar entrar, quiero saber quién eres. Hace dos días que no sabes quién eres. Hace dos días que no sabes ni qué quieres, ni si sacar la mano o la cabeza entera; y te sería totalmente indiferente, porque acabas de perder tu ser. Habrás crecido o no. No te reconoces ni la voz, ¿verdad? ¿Sabes hablar? No sabes andar. ¿A que también se te está olvidando? ¿Palabras? ¿Sabes escuchar? ¿Qué respondes? No sabes nada. Hace dos días que no sabes nada.