10 mar 2011

a mis dionisos

Nanna Hänninen




Puedo ver cómo sigue allí sentado, en el mismo banco de siempre. Creyéndose que, escuchando esa música, conseguirá sentirse cómodamente entumecido de una vez por todas. Y cómo piensa aquello que piensa, pues lo único que no se paraliza es su inquieta y -tructiva cabeza; llámelo mente, fotocopiadora, arma, cisne o mujer.


Conforme pasan esos días, su hedor se hace más y más adorable, le infieren casi una cierta cualidad humana que he de reconocer como extraña y atractiva. Incluso bajo su máscara puedo vislumbrar ríos capaces de ahogar a todas las palomas que le rodean. O cómo ora parece que nos unamos, ora nos separamos. Así, poco a poco.


Aunque no lo crea, le observo. Usted dialoga con nadie. Recuerde, amigo, las palomas no le oyen, y probablemente sean mucho más astutas que usted. Ellas conversan torpemente con las losas. Esas losas que tantas fantasías le provocan; y siento tener que decirle que no son de colores… Recuerde, amigo, usted es sombra jungiana –o quizá más que eso, pues es diferencial. Acabo de ver que ha querido girar la cabeza levemente, bien en un intento de procurar ver lo que pasa a su lado, bien con fines de comprobar si sigo aquí-ahí –conocedor de su infinita e insaciable curiosidad. Le aseguro -pese a su contraria certeza- que no ha girado apenas cinco grados a la izquierda. Sigue entumecido. Por cierto, sí, sigo aquí-ahí.



El espejo y usted. Usted y yo. Usted.

21 dic 2010

Ahí, aquí, en tu negra cueva.


Ni buscar, ni esconder, ni huir, ni hallar, ni intentar, ni saber, ni esperar, ni ser. No buscar, no esconderte, no huir, no hallarte, no intentar, no saber, no esperarte, no ser.


En esta maraña de lazos molestos, conviene esconderse. Te entiendo. Ahí, bajo el negro de tu cueva se debe estar bien; a salvo, como ausente. Parece como si de vez en cuando quisieras salir, y de repente bosquejo tu mano o tu pie, pero vuelves a esconderte rápidamente. Apenas si me da tiempo a distinguir qué era…


Hace dos días que no te veo nada, hace dos días que ni siquiera sé si sigues bajo tu techo, hace dos días que faltas. Dime si puedo intentar entrar, quiero saber quién eres. Hace dos días que no sabes quién eres. Hace dos días que no sabes ni qué quieres, ni si sacar la mano o la cabeza entera; y te sería totalmente indiferente, porque acabas de perder tu ser. Habrás crecido o no. No te reconoces ni la voz, ¿verdad? ¿Sabes hablar? No sabes andar. ¿A que también se te está olvidando? ¿Palabras? ¿Sabes escuchar? ¿Qué respondes? No sabes nada. Hace dos días que no sabes nada.

27 nov 2010

and that's why...


... Lo es todo

Lo reclamamos

Lo necesitamos

Lo soñamos

Lo queremos mejor

Lo gestionamos a nuestro antojo...

Puede ser todo o nada

Provechoso o inútil

Fructífero o estéril

Completo o parcial

Maravilloso o fatídico

Decisivo o irrelevante

Compartido o a solas

Lo disfrutamos o queremos que corra rápido

Mejor saborearlo sabiendo que sólo hay uno.


_el tiempo_o lo que tú quieras que sea_


* Escrito por Teresa Suárez, periodista en inminente cambio del bloC 1.0 al bloG 2.0

14 sept 2010

BB

Elliot Erwitt

Lo que divisa la paloma con cierto enojo,
que no es otra cosa que una semejante,
que pasa,
pasa y no mira.


Y que la primera no se explica
cómo pudo ella
alguna vez haberle dado
su loto
a la otra, que no mira.


Impasible, como poco afectada
como histriónica,
como si de un teatro se tratase,
pasaba la otra, que ni mira.


22 ago 2010

Damas de marrón no, gracias.


¿Van a seguir ahí, así, mucho tiempo, verdad? Díganmelo.


Les he dicho mil veces que no compartimos centro, pero es que ni siquiera nuestras esferas se rozan. Y contra eso, poca cosa: usted ahí; yo aquí.


Las damas de rojo seguían así, ahí, todo el rato, y sin decir nada, o sin nada que decir. ¿Qué ve usted? – le digo. Y con su respuesta hallé su radio, igual a poco más que su etérea vida, de perspectiva forzada y ambigua. Una billetera por montera y dos hipotecas de por vida; esto es, una indigestión por mi parte. Que no puedo.


Contrariamente, soy verde, y mi radio creciente, y más ahora que se avecina Septiembre. ¿Qué ve usted? – me dices. Veo tantas cosas… Añil tejido sobre tela de lienzo, en sinfonía con su conjunto. Y, a coro, una pareja feliz y una fachada decadente como telón… Verde y rojo… ¡puff! Mejor me voy. Vámonos.


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A usted, le conozco muy bien. Demasiado bien, y piensa que su vestido rojo es bonito. Y que, por eso, es alguien; y que, por eso, vive. Y le diré que no es así, como lo vengo haciendo unos casi veinte años: que usted no vive, ni es nada de lo que piensa. Es algo, llámalo vapor. , entendida, ¿ya sabes qué pasa con el vapor, no? [Y lo peor, que a la hora de las farolas, todos somos iguales, lo cual me irrita y me produce la peor de las impotencias; a la par que me calma y me produce la más serena de las serenidades.] El vapor es telúrico-reincidente, ni piedra ni gas noble: untrustworthy.


En los bailes de la corte del XVIII nunca permití, como esteta, que se mezclaran damas de verde y rojo. Y sus faldones jamás se rozaron. Y así sea.

11 jul 2010

Diplomática cordura



A riesgo de parecer indiscreto, puedo asegurar que mi relación con la cordura cada vez es más diplomática.


Y de no ser así ya habría sucumbido.


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Que he llegado al punto justo donde nuestros caminos ya se han desencontrado varias veces. Que el mío todavía se está labrando, y va para largo. Que siempre preferiré hacerle caso a la veleta, por raros que parezcan a veces los vientos. Que, por eso mismo, nunca encontraré dónde. Que habéis asesinado lo que tenía valor. Y que por ello, cuesta a veces apreciarlo.


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Quizá se estén sentando las bases, y os empeñáis en hacer caso omiso. Pesa mucho ser juez, fiscal y abogado imparcial de todo un cuento que nadie quiere dar por cierto. Por eso a día de hoy, aquí y ahora, firmo el tratado declarando que estoy de acuerdo en todo; absolutamente todo.

20 jun 2010

How to quit



…Creo recordar que no solía quedarme mirando a un punto fijo más de un minuto, ni que se me erizase el pelo al ver la sonrisa de una niña, ni entusiasmarme frente a una tela pintada y sin marco de roble. Nunca me había puesto nervioso hablando contigo, ni había vuelto a casa con una extraña sensación tras una preciosa tarde. Por primera vez he pensado de dónde sopla el viento hoy, me he parado a escuchar la ciudad sin que me moleste y he bosquejado frases en el surco de las losas. He olido a jengibre y he conseguido saber algo más de ese 10% que respira sobre el agua helada.


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Aquel chico se lo había propuesto. Sabía a ciencia cierta que era más [mucho más] que una proposición y que lo conseguiría. Solo necesitaba ese empujón que a veces nadie quiere dar, y que suele delegar en el menos indicado. Pero bueno, allí estaba la artillería pesada, un cargamento de palabras dispuesto a derrumbar lo que, de no ser derrumbado a tiempo, tergiversaría en algo nada decoroso: “A veces, chico, los sueños no se cumplen.” La conversación se detuvo por unos minutos. [He went blank]. Después, contestó muy seguro: “Pues sepa de buena mano que el mío sí se cumplirá.”


En esos minutos recorrió con la mente un gran bulevar en toda su superficie [incluyendo árboles], dos o tres avenidas y algunas calles. Todo para volver, de nuevo, al mismo punto.


A veces el sueño sí cabe en la vida. No sabemos nada sobre lo que estamos haciendo ni por qué. Y poco vamos a conseguir gastando nuestros esfuerzos en intentar resolver todo esto en vez de asentir sin más. Es el primer día de verano and it will be lost in time too… To get it over.



** Foto de Robinm.